
Nosotros, los representantes sindicales de África y América Latina, unidos por nuestra condición común de regiones con una inmensa riqueza natural, culturas vibrantes e importantes necesidades de desarrollo, nos dirigimos a la comunidad mundial en un momento crítico. Afirmamos nuestro compromiso con la agenda climática mundial y la necesaria transición hacia un futuro con bajas emisiones de carbono, sostenible y resiliente.
Sin embargo, esta transición no puede replicar las injusticias y desigualdades históricas del actual sistema económico mundial. Una “transición justa” debe ser precisamente eso: justa, equitativa e inclusiva para todos y todas. Nuestras regiones no son meras víctimas del cambio climático; somos agentes del cambio, custodios de una parte significativa de la biodiversidad, los bosques y los recursos minerales del mundo, esenciales para las tecnologías ambientalmente sustentables del futuro. Nuestro camino hacia adelante debe ser uno que erradique la pobreza, promueva la prosperidad compartida y garantice la dignidad, la justicia social y el bienestar de nuestros pueblos.
Nuestros principios compartidos para una transición justa
1. Derecho al desarrollo y justicia energética: La transición debe reconocer nuestro derecho al desarrollo sustentable y a la soberanía energética. Debemos disponer del margen político necesario para abordar la pobreza energética, ampliar el acceso a la energía para nuestras poblaciones en crecimiento e impulsar nuestras economías. Esto incluye el derecho a utilizar nuestros recursos naturales, incluido el gas natural y otras fuentes energéticas, cuando sea necesario, para avanzar en la transición, con el apoyo de la tecnología y la inversión para minimizar las emisiones.
2. Financiación justa y accesible: Las promesas existentes en materia de financiación climática se han quedado cortas. El principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas exige que los que sufren los efectos de la crisis climática, especialmente en el sur global, reciban las compensaciones justas por los altos impactos en sus poblaciones. La financiación para la adaptación y la transición no puede convertirse en un nuevo ciclo de endeudamientos o de imposición de soluciones de mercado, que perpetúen la dependencia colonial y favorezcan a las empresas transnacionales. Exigimos una reforma fundamental de la arquitectura financiera mundial.
Una transición justa requiere:
▪ Escala: una financiación climática drásticamente aumentada, basada en subvenciones y altamente concesional, acorde con la magnitud del desafío. ▪ Acceso: un acceso simplificado y democratizado a los fondos, eliminando los pesados obstáculos burocráticos que excluyen a las naciones más vulnerables. ▪ Justicia en materia de deuda: abordar la devastadora crisis de la deuda que limita nuestro margen fiscal para la acción climática. Pedimos canjes de deuda por clima, cláusulas de suspensión de la deuda activadas por desastres climáticos y nuevos instrumentos de préstamo a largo plazo y con bajos intereses. Reiteramos que ninguno de estos mecanismos podrá ser usados para profundizar la dependencia o impedir el desarrollo soberano de nuestras naciones.
3. Transferencia de tecnología y desarrollo de capacidades: una transición impulsada únicamente por tecnología importada no es sostenible ni justa, profundiza el endeudamiento y genera mayor dependencia.
Demandamos:
▪ Desbloquear la propiedad intelectual: marcos para la transferencia voluntaria y accesible de tecnologías ambientalmente sustentables, denominadas “tecnologías verdes”, incluidas exenciones para tecnologías críticas en tiempos de emergencia mundial.
▪ Localizar las cadenas de valor: inversión en capacidades locales de investigación, desarrollo y fabricación, en particular en el procesamiento de nuestros minerales críticos. Debemos pasar de ser exportadores de materias primas a creadores de valor y trabajo decente dentro de nuestros continentes.
4. Protección de la biodiversidad y los conocimientos de los pueblos originarios y de las comunidades locales: Nuestras regiones albergan los ecosistemas más críticos del mundo y a los pueblos indígenas y las comunidades locales, que son sus guardianes más eficaces. Los conocimientos ancestrales y la biodiversidad son bienes comunes y no pueden ser objeto del despojo por parte de las empresas transnacionales y el capital.
Una transición justa debe:
- Respetar e integrar: Reconocer formalmente e integrar los conocimientos de los pueblos originarios, afrodescendientes y comunidades locales en las soluciones climáticas.
- Garantizar los derechos de tenencia: Garantizar la tenencia de la tierra y los bienes comunes para las comunidades.
- Crear beneficios equitativos: Garantizar que las soluciones de conservación y basadas en la naturaleza proporcionen beneficios directos y equitativos a las comunidades locales, evitando una nueva forma de “colonialismo verde”.
5. Inclusión y protección social: La transición alterará las industrias y los mercados laborales existentes. Nos comprometemos y exigimos apoyo para:
▪ Diálogo social: Procesos inclusivos en los que participen los trabajadores, las comunidades, las mujeres, los jóvenes y los grupos indígenas en el diseño de las vías de transición.
▪ Creación de trabajo decente, en particular los denominados empleos verdes: Políticas activas de educación, reciclaje y mejora de las competencias para crear trabajo digno para las necesarias transformaciones económicas con sustentabilidad, como las llamadas economías verdes y azules.
▪ Redes de seguridad sólidas: sistemas de protección social reforzados para apoyar a los afectados por el cambio, garantizando que nadie se quede atrás.
6. Fomento de la cooperación sindical y una visión común: La COP 30 brinda la oportunidad de impulsar la colaboración entre la CSI África y la CSA.
La CSI África y la CSA buscan fortalecer una alianza política para la promoción y defensa del Sur Global, reflejando sus realidades contextuales, experiencias, lecciones y visiones transformadoras. Esta colaboración se basa en compromisos compartidos para construir sistemas democráticos inclusivos, fortalecer la solidaridad interregional y elevar la voz de los sindicatos en la configuración de agendas de desarrollo sostenibles y equitativas.
La alianza aspira a fortalecer la Confederación Sindical Internacional (CSI), contribuir e influir en la actualización del internacionalismo sindical.
Conclusión:
La lucha contra el cambio climático es un imperativo global compartido. El camino que tomemos para lograr un mundo con cero emisiones netas definirá nuestro futuro común. África y América Latina están preparadas para ser los pilares de una nueva economía mundial sostenible. Pero no podemos ni queremos soportar una carga desproporcionada por una crisis que no hemos creado.
Construyamos una transición que no se limite a abandonar los combustibles fósiles, sino que nos lleve hacia un mundo más justo, equitativo y próspero para todos y todas. Nuestra asociación es esencial para este futuro.



