Buenos días a todos y todas. En primer lugar, quiero saludar el presidente Luis Abinader y aprovechar, ya he hablado con él aquí, para agradecerle más una vez el apoyo que tuvimos aquí en República Dominicana. Aquí en Punta Cana, la ministra Mayra estaba presente en el Congreso de la CSA, la Confederación Sindical de las Américas, que realizamos aquí en mayo fue un congreso muy victorioso, muy potente, muy unitario. Y muchas gracias, presidente, por su apoyo y al ministro Olivares. Saludar el director general de la OIT,. Gilbert Houngbo, mi querido amigo. Saludar a la señora. Ana Virgínia, directora regional, saludar al ministro Eddy Olivares, aquí de República Dominicana. Permítame, como buen sindicalista, romper los protocolos y saludar a otros dos ministros. El ministro de mi país, Brasil, querido amigo, ministro del trabajo, Luiz Marinho. Y saludar el ministro del país que vivo hoy, que es Uruguay. Mi querido amigo, Juan Castillo. Saludar al señor Roberto Soares, de la AOE. Mi querida compañera Marta Pujadas, nuestra vocera y presidenta del grupo. Saludar a las centrales sindicales aquí de República Dominicana: Pepe Abreu, presidente de la CNUS; Gabriel del Río, presidente de la CASC; Jacob Ramos, presidente de la CNUS. Rompiendo el protocolo, saludar mi querido compañero y amigo, Rafael Santos, presidente del INFOTEP por su muy buen trabajo aquí en República Dominicana. Saludar a todos los señores y señoras del gobierno, ministros y ministras, autoridades, señores y señoras, empleadores, empresarias y mis queridos y queridas compañeras de los trabajadores.
Nosotros nos encontramos en una reunión regional tripartita, en un momento especialmente complejo, un tiempo marcado por la incertidumbre por la fragilidad de la democracia y por el cuestionamiento al propio sistema multilateral. El director general lo ha definido en su informe como un escenario de policrisis. Crisis superpuestas, interconectadas, que abarcan lo económico, lo social, lo ambiental y lo político. Desde el sindicalismo de las Américas, lo hemos caracterizado en nuestro último Congreso como una crisis civilizatoria, un cambio de época donde se agudizan las desigualdades, se erosionan los derechos y la amenaza a la vida democrática. La responsabilidad histórica está clara. Décadas de persecución del lucro sin límites de un liberalismo que prometía un derrame y dejó pobreza. Hoy ese modelo se recicla y se alimenta con los discursos de odio de la extrema derecha. Niega el cambio climático, ataca la igualdad de género desfinancian a educación y la salud, capturan las instituciones públicas en beneficio del poder corporativo y alientan la guerra y la violencia. La pandemia del COVID-19 desnudó las miserias de ese sistema. Mientras millones quedaba desprotegido, el capital concentrado defendía privilegios y el egoísmo. En nuestra región, convive dos realidades opuestas por un lado, procesos de reconstrucción de redes y protección social, impulsado por gobiernos democráticos, como es el caso de República Dominicana. Que hay diálogo social, pero un diálogo social donde hay negociación colectiva, donde hay respeto a los sindicatos, reconocido también por, permíteme, mi compañera empleadora.
Pero, por otro lado, hay gobiernos que abandonan a las personas que persiguen a las organizaciones sindicales, encarcelan dirigentes y hasta obligan al exilio de quienes alzan la voz. Debemos decirlo con toda la claridad: no hay democracia sin libertad sindical. La democracia no se reduce al voto popular. Requiere sindicatos fuertes, impulso a las negociaciones colectivas, respeto al ejercicio del derecho de huelga, diálogo social real, salarios vitales, necesidades de un convenio de plataforma, consulta tripartita, entre otros. Allí, donde se persigue a los sindicatos, donde se limita la negociación, donde se criminaliza la protesta. No existe democracia plena. Defender los derechos fundamentales del trabajo, es defender la propia democracia. Pero la crisis también golpea a la propia OIT. Esta ganización nació proclamando que el trabajo no es una mercancía y que la paz universal y duradera sólo puede basarse en la justicia social. Hoy esas banderas están bajo ataque y no tenemos duda, haremos de todo para defender a la OIT. Señor Director General, querido, querido Gilbert quiero ser categórico. Los trabajadores apoyamos oportunamente su elección al frente de la OIT porque confiamos en su compromiso con el tripatismo y el mandato histórico de la OIT. Sepa que estaremos a su lado defendiendo a la OIT y su mandato y al mandato de la OIT. El lema de esta reunión es contundente: democracia, paz, trabajo decente y diálogo social. Uniendo las Américas para un futuro con desarrollo sustentable y justicia social. Desde la CSA, decimos: No habrá paz sin democracia. No habrá democracia sin sindicatos, no habrá desarrollo sostenible sin justicia social. Y no habrá justicia social sin trabajo decente y garantizado para todos y todas. Por su parte, el informe del Director General reconoce que nuestra región arrastra déficits estructurales informalidad, desigualdad, discriminación, empleo precario. Y coincidimos: es tiempo de un nuevo contrato social centrado en las personas pero ese contrato social solo será posible si se subestima el papel del sindicato y si se limita a la negociación colectiva y debilita el tripartismo. Con ese debilitamiento, ese contrato social no se dará. Defendemos América Latina y el Caribe como un territorio de paz. No necesitamos de la presencia de bases militares extranjeras, no necesitamos de amenazas de invasiones militares, no necesitamos de injerencia con amenazas de invasión militar. Necesitamos de paz y desarrollo en la América Latina.
Por eso aquí también afirmamos nuestro compromiso en luchar contra el bloqueo a nuestra querida Cuba desde la CSA, proponemos mirar el futuro con tres convicciones: Primero, la justicia social es el cimiento de la paz. No es un ideal abstracto, sino una condición indispensable para sociedades estables e inclusivas. La libertad sindical es el derecho habilitante. Sin sindicatos fuertes, no hay defensa de los demás derechos y el sindicalismo es un acto de la democracia. Enfrentamos a quién intentán deslegitimar a la justicia social y destruir las organizaciones colectivas. Nosotros no permitimos la naturalización de la pobreza, no permitimos la naturalización de la explotación.
Compañeros y compañeras, estamos en un momento decisivo o defendemos la OIT, el multilateralismo y la democracia, la paz, la justicia social o seremos testigos de su desmantelamiento? Quiero concluir reafirmando nuestro compromiso con esa reunión regional americana nuestro compromiso con el diálogo social en las Américas, nuestro compromiso en construir una declaración que sirva a la OIT, que sea un guión para el tripartismo, que sirva a la negociación colectiva, que sirva a la libertad sindical, que sirva a la democracia y que sirva a la justicia social. Muchas gracias.



