
La Confederación Sindical de trabajadores y trabajadoras de las Américas (CSA) se encuentra en Changuinola, provincia de Bocas del Toro, Panamá, junto a las centrales sindicales nacionales Convergencia Sindical y CTRP, en el marco del proyecto de fortalecimiento de la acción sindical en las cadenas globales de producción en las Américas, desarrollado junto a la DGB de Alemania.
La visita tiene un doble propósito: elaborar un video para visibilizar los resultados y casos de éxito del proyecto sindical en la cadena del banano y, al mismo tiempo, continuar con las acciones de solidaridad de la CSA al movimiento sindical panameño, acompañando la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras frente a la brutal arremetida de la transnacional Chiquita Panamá y del gobierno de Panamá.
Nueve años de construcción sindical en las cadenas del banano
Durante casi una década, las centrales sindicales panameñas Convergencia Sindical, CTRP y CONUSI, juntos a sus sindicatos bananeros afiliados, han trabajado con enorme compromiso en este proyecto que abarcó investigación, formación sindical, comunicación e incidencia política.
Gracias a este esfuerzo colectivo, se lograron avances significativos en la negociación colectiva, la defensa de derechos laborales y la mejora de condiciones de trabajo en un sector históricamente dominado por prácticas abusivas de las multinacionales.
“Este proyecto demuestra que el sindicalismo, cuando se organiza, se forma y actúa en unidad, es capaz de conquistar mejoras reales para los trabajadores y trabajadoras incluso frente a gigantes transnacionales”, destacó la delegación de la CSA.
Solidaridad frente al abandono y la represión
La visita de la CSA y la DGB ocurre en medio de una coyuntura crítica. Hace más de cuatro meses, Chiquita Panamá abandonó la producción de manera abrupta, dejando entre 6.000 y 7.000 trabajadores/as sin empleo e ingresos, tras acusar falsamente a los sindicatos de promover una “huelga ilegal”.
La realidad es otra: se trató de una movilización legítima y pacífica por derechos, que fue respondida con represión brutal del Estado panameño. Testimonios de trabajadores y trabajadoras relatan detenciones arbitrarias durante las protestas de principios de año.
A esta situación se suma la indemnización injusta e ilegal que el Ministerio de Trabajo está pagando en lugar de la empresa, desconociendo la legislación panameña y las convenciones colectivas. Trabajadores con 20, 30 o 40 años de servicio, incluidas mujeres embarazadas, hoy reciben sumas miserables que condenan a la pobreza a miles de familias.
Resistencia, unidad y casos de éxito
Pese a la violencia y la precariedad impuesta, la comunidad de Changuinola mantiene unidad sindical y social. Este sector cuenta con una tasa de sindicalización del 100%, lo que ha permitido sostener la lucha.
En la visita, la delegación pudo visitar COOBANA, única producción de banano que se mantiene activa en Changuinola (ya que no vende su producto a Chiquita), donde también todos los/as trabajadores/as están sindicalizados/as y donde se trabaja en condiciones dignas, con diálogo y negociación colectiva.
La CSA reafirma la solidaridad internacional
Con la presencia de Isabel Guzmán (secretaria general adjunta de Convergencia Sindical), Carlos González (secretario de Juventud de Convergencia), Javier Ho (subsecretario de Organización de la CTRP) y Dialys Campa (secretaria de Género de la CTRP, además que es del CMTA de la CSA), la CSA reafirmó su compromiso con la clase trabajadora panameña.
“Este es un momento de dolor y de lucha, pero también de esperanza y de victorias. Los logros de este proyecto son prueba de la fuerza sindical. Desde la CSA levantamos la voz para denunciar internacionalmente a Chiquita Panamá y al gobierno panameño, y al mismo tiempo destacamos la capacidad de organización de nuestras afiliadas, que siguen demostrando que la dignidad de los trabajadores/as no se negocia”.
El sindicalismo de las Américas, junto a la DGB y las centrales panameñas, seguirá acompañando esta lucha, convencido de que la solidaridad internacional es la herramienta fundamental para enfrentar la explotación y defender la justicia social en las cadenas globales de producción.






