La ley de la silla

publicado el 10/03/2011 a las 00:00 , por CCSCS - www.ccscs.org .

Carmen Bravo, sindicalista española: No se trata de cambiar unos por otras, sino de añadir una silla para las mujeres

src=La sindicalista española Carmen Bravo es secretaria confederal de la mujer de Comisiones Obreras y hace algunos días participó en el taller  "La Transversalidad de Género en las políticas sindicales", organizado en Montevideo por la Fundación Paz y Solidaridad, al que asistieron mujeres de todas las centrale que integran la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS).

La necesidad de que las mujeres compartan los espacios de poder con los hombres, las dificultades de algunos sindicalistas para entender el beneficio que eso implicaría, la vigencia de la sociedad patriarcal y sus expresiones más duras como la violencia doméstica, y el valor de los programas de equidad en la negociación colectiva son algunos de los temas que abordamos con Carmen en esta entrevista.

¿Qué impresión te dejaron las experiencias que viste en el Cono Sur?

Me llama la atención que con las dificultades económicas, sociales y laborales que existen, las secretarías de la mujer de las centrales estén realizando un trabajo tan valioso. Sobre todo porque están peleando para remover obstáculos que son fuertes y que están muy asentados, en esta sociedad y en todas, pero en ésta particularmente por las dificultades que han tenido para abrirse en términos de derechos. Me sorprende el trabajo que realizan en esta región las mujeres en los sindicatos. Además de esa militancia, ellas también se movilizan por la educación, por el costo de vida, las guarderías, y en paralelo se están abriendo espacio dentro de los sindicatos y también en toda la sociedad.

En el taller una sindicalista decía, en cuanto a la presencia de las mujeres en los lugares de decisión, que no se trata de sacarle una silla a nadie, sino de agregar una silla para las mujeres. ¿Estás de acuerdo?


Defiendo mucho esa propuesta y creo que la participación de las mujeres es justamente eso, estar en los ámbitos de poder y en la toma de decisiones. Y no es cambiar unos por otras, porque somos necesarios hombres y mujeres, y por lo tanto hay que añadir una silla para las mujeres, que es la que hoy falta. Es la que representa a una mitad de la ciudadanía que quiere tener los mismos derechos que los hombres. ¿Entonces porqué no compartir el poder con los varones? Es algo fundamental.

¿Y a los varones del sindicalismo les cuesta entenderlo?


Sí, porque algunos no interpretan correctamente o no valoran cuál es el aporte que podemos hacer las mujeres a la riqueza colectiva en valores humanos, desde nuestras propias experiencias. En lugar de entender eso, interpretan que es un conflicto que las mujeres se incorporen a los ámbitos en los que ellos han estado solos durante tantos años. Hasta ahora ellos no tenían que preocuparse sobre qué hacemos con los niños o con los mayores, o quién hace las compras y prepara la comida, y entonces si las mujeres nos incorporamos en igualdad de condiciones a los otros espacios de poder, luego entre ambas personas habrá que empezar a resolver esas otras cosas que son comunes a los dos. El problema es identificar un conflicto donde puede haber un enriquecimiento mutuo, en términos humanos.

¿La mentalidad patriarcal está más arraigada en América Latina que en Europa?

La cultura machista y las sociedades patriarcales tienden a cambiar de formas. Es decir, quizás los principios son los mismos, por ejemplo no compartir los espacios de poder, que es el principio de la violencia machista. En España, muere una mujer por semana a manos de su pareja o ex pareja, a pesar de que es un país que legislativamente es muy avanzado en derechos civiles y en particular de las mujeres. Pero todavía es muy evidente esta lacra social. Puede ser que en América Latina la percepción de esa dominación del varón sobre la mujer quizás sea más burda o esté más extendida, pero la sociedad patriarcal se mantiene también en nuestros países.

Es verdad que en España el gobierno socialista ha sido capaz, a instancias de los sindicatos y las organizaciones sociales, de aprobar una ley que será efectiva para proteger a las mujeres en el ámbito laboral. Esa ley les otorga a las mujeres víctimas de la violencia doméstica una serie de derechos que les permiten reanudar sus proyectos de vida. Hoy los sindicatos están comprometidos con la violencia cero contra las mujeres, que es la expresión más dura de la sociedad patriarcal.

¿Hay experiencias latinoamericanas de planes de equidad en la negociación colectiva?

Justo esta mañana hemos estado analizado dos temas: la negociación colectiva y el diálogo social.  Nos parece que son dos patas complementarias de la negociación sindical, por un lado con los empresarios y por otro con los gobierno. Para avanzar hacia la igualdad de oportunidades entre hombre y mujeres, las mujeres somos concientes de que no sólo es suficiente la intervención en el ámbito laboral, sino que también tenemos que avanza en el ámbito social. Es importante que lo laboral, mediante los planes de igualdad que algunas centrales ya empezaron a incorporar en sus prácticas de negociación colectiva, vaya de la mano de otras medidas, como la protección a la maternidad o el fomento de servicios públicos que atiendan las necesidades específicas que tienen las mujeres, algo que se cambia con la voluntad política de los gobiernos, en coordinación con empresarios, trabajadores y toda la sociedad.

¿Es una medida efectiva la cuotificación en las estructuras sindicales?

Sin el sistema de cuotas las mujeres no hubiéramos avanzado tanto en participación y representación en el mundo. En España hasta que no llegó la ley de cuotas, la participación de las mujeres a nivel electora no superó nunca el 6%, y hoy esa participación en los procesos de elección está en el entorno del 40%. De hecho, el gobierno español es paritario y la ejecutiva confederal de Comisiones Obreras también es paritaria, con el mismo número de hombres que de mujeres. Es importante, no sólo simbólicamente sino por las aportaciones que hacemos las mujeres desde nuestras experiencias y aprendizajes. Y los varones también hacen sus aportes, lo importante es  que ambos se complementan y haya beneficios mutuos, progresando frente a discriminaciones injustificadas como las que tenemos a nivel salarial, en la contratación temporal o parcial, y también en el trabajo informal, donde las más vulnerables siguen siendo las mujeres.

¿Qué importancia tiene el lenguaje en materia de igualdad de género?

Las palabras llevan aparejadas un contenido, que puede tener connotaciones políticas o ideológicas. La construcción lingüística no es ninguna casualidad, y cuando queremos esconder una realidad buscamos la mejor palabra para desdibujarla. El lenguaje sexista claramente tiende a disminuir el rol que juegan las mujeres en la sociedad, y ese

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