Supermercados: los dueños del gran embudo

publicado el 17/01/2011 a las 00:00 , por ACTA .

Los trabajadores del sector nos cuentan cómo es dejar de ser un “recurso humano” para transformarse en un proyecto colectivo


altMucha luz, plástico y color. Con sus marcas siempre nuevas en las góndolas, packaging seductor y todo el glamour de lo moderno, los supermercados, paraíso del consumidor, son también un gran embudo por donde pasa el ajuste de la demarcación. Pequeños productores mal pagos, consumidores esquilmados, se convierten en la ganancia millonaria de unos pocos. Desde que llegaron a la Argentina en los setenta, muchas cosas cambiaron, entre ellas la vida de los empleados de comercio.

En pleno proceso de organización en el seno de la CTA, los trabajadores del sector nos cuentan cómo es, acción gremial mediante, dejar de ser un “recurso humano”, para transformarse en un proyecto colectivo que busca la dignificación de la clase trabajadora. Son laburantes que todos los días le ponen el cuerpo a la nada sencilla tarea de remar contra la corriente y soportar, a pie firme, los embates de uno de los emblemas del sindicalismo empresarial en nuestro país, el Sindicato de Comercio conducido por el inefable Armando Cavalieri.

Ellos también construyen en la práctica un nuevo modelo sindical que se canaliza por medio de la Central de Trabajadores de la Argentina. La pelea por trabajo y salarios dignos, por libertad y democracia sindical se libra en todos los frentes, en cada lugar y al mismo tiempo. He aquí algunos botones de muestra de esta realidad emergente entre los trabajadores que habitan el universo de Mercurio, hijo de Júpiter, el Dios del Comercio.

La Sociedad de Dependientes de Comercio de la Capital Federal, primer antecedente gremial de la sindicalización de los empleados de comercio, nace en 1881. Ese año, se concreta la primera movilización, convocada para demandar la puesta en vigencia de una Ordenanza que designó al domingo como día no laborable. Los empresarios ponen el grito en el cielo y las presiones sobre el Gobierno son fuertes, pero al fin, una columna de varios miles de manifestantes que desemboca en Plaza de Mayo logra inclinar la pulseada a favor de los trabajadores.

En 1913 se crea la Federación de Dependientes de Comercio de la República Argentina y seis años después de la Sociedad de Dependientes de la Capital Federal nace la Federación de Comercio de Buenos Aires. Con el diputado socialista Ángel Borlenghi a la cabeza surge una amplia campaña para exigir cambios en el Código de Comercio: Indemnización por despido injustificado, vacaciones anuales pagas, respeto del sueldo en caso de enfermedad. La pelea es larga, hay concentraciones en todo el país, más de veinte mil trabajadores salen a la calle. Finalmente las reformas se convierten en Ley. Después de un fallido intento de veto, el Poder Ejecutivo promulga las modificaciones reclamadas un 26 de septiembre, que desde entonces es conmemorado como el Día del Empleado de Comercio.

En 1975, los empleados de comercio se dan los Convenios que aún los rigen. Pocos años después entran al país los primeros supermercados. La historia ya no será la misma. En su mayoría, verdaderas multinacionales que a veces funcionan en forma encubierta a través de supuestas firmas nacionales, respetan a rajatabla el dogma del supermercado, esto es, obtener la mayor ganancia al menor costo. De los testimonios recogidos en esta nota entre los sindicatos del ramo que forman parte de la Central de Trabajadores de la Argentina surge con claridad que la metodología de las compañías es llevarse la ganancia cargando íntegramente los costos sobre los hombros de pequeños y medianos productores y comerciantes, el valor de cuyos productos se multiplica por diez al pasar por caja.

Eso explica la razón por la cual algunos productos, se encarecen hasta 400 veces en el trecho desde el origen a la boca de expendio. El otro secreto es la concentración monopólica a nivel local y mundial y la falta de una política capaz de combatirla. Sólo siete grandes cadenas controlan el 75 por ciento de la distribución mundial de alimentos. Se trata de un embudo, en cuyo origen está el productor, y del otro lado el consumidor. La parte del león se lo lleva el dueño del embudo que es el supermercado. Sin regulación estatal, el productor debe elegir entre venderles al precio que le fijan o dejar que la producción se le pudra. Se trata de uno de los aspectos centrales de la globalización capitalista y la pérdida de la soberanía alimentaría por parte de las naciones del Tercer Mundo.

Flexibilización laboral

El Sindicato de Empleados de Hipermercados, Supermercados y Mayoristas (SEHSMA-CTA) nació para nuclear a trabajadores de Lomas de Zamora, Esteban Echeverría y Ezeiza, hoy se extiende a varias provincias y localidades del país. Su secretario general, Carlos “Tito” Godoy, cuenta que antes de fin de año tendrán ocho organizaciones provinciales. Están próximos a inaugurar seccionales en Chubut, Santiago del Estero y Mendoza. También se están abriendo filiales en grandes ciudades como Bahía Blanca y Mar del Plata.

Para el dirigente, “aunque pueda escucharse como contradictorio nuestro problema central no son ahora los empresarios sino algunos dirigentes sindicales”. Explica que en los últimos tiempos los supermercados han ganado en forma tan extraordinaria que podrían mejorar los salarios sin problema. “Lo que pasa es que algunos dirigentes ya no son gremialistas sino empresarios y entonces ven cualquier aumento, no como un triunfo sindical sino como un costo”.

Hugo Eusebio, de la Unión de Trabajadores de Comercio y Servicios de Villa María, Córdoba, (UTRACOS-CTA) le pone cifras a la coyuntura: “Hace tres años que los empresarios se vienen ahorrando cifras siderales esquivando el pago de parte de los aportes previsionales”. Señala que alrededor de 40 por ciento de los trabajadores está en negro. ”Las inspecciones del Ministerio de Trabajo rara vez acuden ante las denuncias sindicales”. Ambos gremios pelean actualmente la inscripción gremial y coinciden que en la falta de libertad y democracia sindical es responsable en gran parte de la impunidad que tiene el fraude laboral en el ámbito del gremio de comercio.

Julio Hikkilo del Sindicato del Personal de Reposición Externa y Merchandising de la Costa Atlántica dice que “con el menemismo llegaron al país las grandes cadenas de supermercados y con éstas las compañías terciarizadoras. Al contratar trabajadores a través de agencias se perdió la estabilidad y se profundizó la flexibilización laboral”. Explica que muchas empresas afilian a sus trabajadores al gremio de Comercio que encabeza Armando Cavalieri porque “de esa manera pagan salarios bajos, gran parte en negro” y se evitan lidiar con delegados de base y gremios que defiendan los derechos laborales.

Clin caja

A su turno, Ricardo Sánchez, secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina de Paraná y del Sindicato de Trabajadores Mercantiles de Entre Ríos, recuerda como cambió la actividad con la aparición de los supermercados: “Un caso paradigmático fue nuestra ciudad, donde el intendente modificó la circulación de la calle Laprida para que el tránsito confluyera en la puerta del hipermercado Wall Mart.

La flexibilización laboral se tradujo en contratos basura, se introduce la rotación del personal como un fenómeno de explotación sistemática y tercerización del empleo. Por un lado, contratan mayor cantidad de trabajadores, pero lo compensan con la rotación de los mismos, de manera que no se pueda construir un sujeto colectivo que permita disputar mejores condiciones laborales”.

Para el dirigente entrerriano “en este proceso incipiente de inflación los trabajadores perdemos por los ajustes que se producen en las emp

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