Brasil: CSA rechaza reforma de la Previsión Social

publicado el 12/07/2019 a las 14:13 .

Lea la nota de la CSA sobre el proyecto de enmienda constitucional aprobado este miércoles y sus efectos para la classe trabajadora brasileña


nota_oficial

Montevideo, 12 de julio de 2019

La Confederación Sindical de trabajadores y trabajadoras de las Américas (CSA), expresión continental de la Confederación Sindical Internacional (CSI), rechaza la aprobación en primer turno, en reunión de la Cámara de los Diputados este miércoles 10/07, de la reforma de la Previsión Social en Brasil. Esta es una noticia desastrosa para las trabajadoras y trabajadores del país, privando a muchas/os de la esperanza de jubilarse antes de morir, de poder descansar después de muchos años de trabajo o de vivir una vejez con dignidad. El punto principal de esta reforma es la eliminación de la posibilidad de jubilación por tiempo de contribución, que no establecía edad mínima. Con los nuevos criterios, para jubilarse los hombres deberían tener un mínimo de 65 años, y las mujeres, de 62 años (contra un mínimo anterior de 60 años, afectando aún más una parcela de población ya acometida por la doble carga de trabajo que implica la división sexual de la economía doméstica y de cuidados).

Si bien es cierto que la expectativa de vida media en Brasil ha aumentado, estando actualmente en 75,51 años, el uso de esta estadística como argumento en favor de esta reforma demuestra ser falaz cuando llevamos en cuenta la aterradora desigualdad en el país. Estudios muestran que en cualquier parte del mundo las personas más ricas viven más que las más pobres, diferencia que se acentúa aún más entre mujeres. Si bien no se conocen estudios de este tipo en Brasil, esta realidad se puede percibir a partir de las desigualdades territoriales, que plasman diferencias de clase. Según datos de 2017, la diferencia en expectativa de vida entre los estados de Santa Catarina y Maranhão es de 9 años. A nivel municipal, es más grande aún: tomando como ejemplo la ciudad de São Paulo, en los barrios más ricos se vive en media 25 años más que en los más pobres.

De esa manera, esta reforma incide desproporcionalmente sobre la población trabajadora, y especialmente en las víctimas de trabajo infantil, que tendrán pasado más años trabajando para recibir mucho menos. Llama la atención la confluencia entre esta reforma de la Previsión Social, mayor bandera del gobierno Bolsonaro, y sus criminales declaraciones en defensa del trabajo infantil. Está muy claro para quién se está gobernando, y estas posiciones, sumadas a la reforma laboral – cuyos efectos agravan la situación de la Previsión Social en un círculo vicioso – y a muchas otras medidas de los últimos meses y años, conforman una verdadera ofensiva de las clases dominantes de Brasil contra los derechos más esenciales de las/os trabajadoras/es.

Esto se vuelve aún más evidente si consideramos la importante sobrecarga de la Previsión Social en Brasil representada por las deudas de bancos y grandes empresas, siendo la mayor entre las empresas actualmente activas la de JBS, transnacional brasileira del sector de frigoríficos, implicada en uno de los mayores escándalos de corrupción del país y en procesos por sistemáticas infracciones de las leyes de salud laboral. Mientras que la población brasileña hace inmensos sacrificios para pagar sus deudas, el incumplimiento de las empresas con la Previsión Social es recompensado. En suma, lo que hace esta reforma es demandar que los más pobres paguen las deudas de los más ricos.

También es importante considerar los elevados niveles de desempleo e informalidad en el país, tendencia que no solo no ha mejorado con la reforma laboral, como tiende a empeorar a largo plazo con estas medidas. Entre trabajadoras/es sin documentos de trabajo, en condiciones de subempleo, y cuentapropistas, súmanse casi 40 millones en la informalidad, para quienes atender al nuevo criterio obligatorio de 20 años de contribución (mínimo que permite acceder a una pensión de jubilación equivalente a 60% del sueldo, siendo necesarios 40 años para llegar a los 100%) se hace extremadamente difícil. Al mismo tiempo, la masa de desempleadas/os, que ya suma 12 millones, tiene potencial a sufrir una brutal ampliación debida al aplazamiento de la salida del mercado laboral por millones de brasileñas/os.

Esta reforma es irresponsable tanto con la economía brasileña, cuyos pronósticos de entrada en recesión se agravan aún más con este escenario, así como con la vida de las/os ciudadanas/os, en especial las mujeres (que, además de tener que esperar hasta los 62 años para jubilarse, en el caso de las viudas recibirán un corte de casi 50% en las pensiones) y adultos mayores. El modelo chileno, inspiración para este gobierno, es responsable por las mayores tazas de suicidio de América Latina.

La CSA rechaza la evidente despreocupación con la calidad de vida de las/os trabajadoras/es de Brasil demostrada por la aprobación de este proyecto de enmienda constitucional y reafirma que cualquier reforma del sistema de Protección Social, del cual la previsión social es parte integral, debe tener como elementos indispensables la garantía del derecho a una vida digna y el combate a la inequidad a través de medidas progresivas en un marco redistributivo.

CSA - Confederación Sindical de las Américas

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