Justicia ambiental como contrapunto a los daños de megaemprendimientos

publicado el 08/10/2018 a las 19:32 , por Comunicación CREAT .

Entrevista a Leticia Tura, miembro del grupo de animación del Grupo Carta de Belém y Directora Ejecutiva de FASE – Federação de Órgãos para Assistência Social e Educacional

 

“El grupo Carta de Belém es un grupo de organizaciones de la sociedad civil brasileña, movimientos sociales, trabajadores de la agricultura familiar y campesina, investigadores, abogados populares, que tiene una crítica a las soluciones de la crisis climática a través de mecanismos de mercado. Tenemos intervención en territorios y sobre posiciones del gobierno brasileño en la COP, críticas a pagos de servicios ambientales y al uso de agrocombustibles, analizamos y visibilizamos los daños (ya no impactos, sino daños) que hacen estos instrumentos sobre el acceso a los derechos territoriales en la Amazonia y en Brasil. Además defendemos la transición justa”, cuenta Leticia Tura.

La Transición Justa es un concepto que atraviesa esta CREAT. ¿Cómo lo definiría?

Es la crítica a la economía verde. En este sentido, para nosotros hay que tener cuidado de que la transición justa no caiga en las trampas de la economía verde pidiendo solamente que bajen las emisiones de carbono. Esto quiere decir que no se trata solo de exigir una “economía limpia” desde el punto de vista ambiental, sino también desde el punto de vista social, territorial, de la democracia, de la justicia ambiental y de defensa de bienes comunes. Es necesario decir que no se hace transición justa sin el protagonismo de los sujetos colectivos, desde la base, con agricultores, pueblos indígenas, movimientos sindicales como la CUT.

¿Cómo articula GcdB con CSA y movimiento sindical?

Desde su fundación, la CUT es parte del grupo Carta de Belém y es la organización que más ha traído el debate sobre transición justa al grupo. A su vez, nosotros hemos intentado construir un diálogo entre las perspectivas del movimiento sindical, del campesino y del indígena, lo cual ha sido un reto. Los debates sobre desarrollo y energía permiten hacer un diálogo entre diversas perspectivas para construir una en común, aunque haya conflicto.

¿Qué se entiende por justicia ambiental y cómo la aborda el Grupo Carta de Belém?

La justicia ambiental es un contrapunto a la injusticia ambiental que observamos en los daños producidos por grandes emprendimientos de infraestructura. Cuando ocurren desastres ambientales, éstos tienen un impacto diferenciado que se corresponde con las desigualdades socioeconómicas, y afectan especialmente a poblaciones negras, pobres, a las mujeres, a los pueblos indígenas. Entonces, cuando pensamos en propuestas de desarrollo, nosotros criticamos ese concepto de desarrollo, pero además, al pensar en la energía, hay que exigir que esta no solo sea “limpia” (en tanto, tenga bajas emisiones de carbono), sino también la escala del emprendimiento, medir el daño que el emprendimiento puede causar en poblaciones. Por tanto, la justicia ambiental amplía la perspectiva

¿Cómo es la situación energética de Brasil?

En este momento hay una crisis energética muy grande en Brasil: hay pocas lluvias, los ríos están muy bajos y la energía muy cara.Y en lugar de apostar a pequeños emprendimientos, continuamos con otros a gran escala. Hay un caso emblemático: la Usina Hidroeléctrica de Belo Monte, que maneja energía renovable pero provoca grandes impactos y daños en territorio. La creación de esta usina implicó el desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas de sus territorios y de sus trabajos, hacia el centro de la ciudad de Altamira. Este desplazamiento incrementó la violencia, los empleos temporarios y precarios, entre otras consecuencias.
Por eso valoramos mucho esta iniciativa de la CSA de tratar un tema muy delicado como la energía, vinculando dimensiones como trabajo y ambiente, junto al movimiento sindical y a organizaciones ambientalistas y de mujeres, así como agradecemos la invitación a encarar este tema de frente.

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